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“Multitud y soledad: palabras equivalentes e intercambiables para el poeta diligente y fecundo”, dice Baudelaire y es esa aparente contradicción de la soledad en compañía lo que me produce la contemplación de las obras de Emilio Reato, sensación que hasta ahora la había experimentado en dos grandes artistas plásticos, Seurat y Hooper. Por caminos distintos estos dos grandes maestros captaron esa particularidad del hombre de las ciudades, su comportamiento en las multitudes en sus tiempos de ocio. Pero un elemento agregado que le suma una nueva significación aparece en la obra de Reato, los inflables (llenos de aire) con sus sonrisas y gestos fríos, estáticos, perdu- rables testigos de las acciones anónimas, de los rituales humanos, animados e inanimados. Objetos y sujetos son una misma cosa en el ojo del artista todos comunican su incomunicación, lo inalcanzable, como el mar que sirve de escenario, profundo misterioso y atractivo, todo se vuelve objeto - signo, metáfora y paradoja de nuestra era, rostros borrosos e indefinidos en contraste con los de sonrisas eternas de los muñecos. Una nostálgica contemplación animan las obras y hay una mirada inocente piadosa sobre lo cotidiano y lo maravilloso.
La objetividad de la técnica hace pensar en un trabajo paciente y dis- ciplinado y la subjetividad que nos propone su contemplación, en un artista pleno, maduro, cargado de contenidos profundos, genuinos
abiertos para ser compartidos con nosotros, adentrémonos pues en estas aguas, seguro nos confortaran.
Mario Krugliansky
Visita la muestra! en... Momo , jujuy 310, merlo sur. BsAs.
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